Iván Ilyín, el filósofo de Putin

Mar 25, 2022 | 0 Comentarios

Por Ricardo Israel

Descubrí a Iván Ilyín hace años y por casualidad. Me encontraba enseñando en el Wheaton College de Massachusetts como profesor visitante Fulbright, y en la biblioteca buscaba otro libro y otro autor para un Manual de Ciencia Política en preparación. Su texto sobre La Esencia de la Consciencia del Derecho no me fue útil, ya que su mezcla de zarismo y religión ortodoxa no era lo adecuado para lo que yo buscaba en la relación entre derecho y política.

Volví a encontrarme con él por la frecuencia con la que era citado por Vladimir Putin, sobre todo en ceremonias solemnes. Revisé mis apuntes, lo releí y verdaderamente me ayudó a entenderlo, lo que era y lo que no era.

Ilyín nació en familia aristocrática en Moscú (1883), nada menos que de la dinastía Rúrika , aquella de la Rus original de Kiev (la del año 862). Murió en el exilio en Suiza (1954), y Putin se involucró personalmente, tanto en la publicación de los 23 volúmenes de sus obras completas como en llevar sus restos de regreso, y en la consagración de su tumba.

Ilyín fue un destacado ideólogo del Movimiento Blanco, y escribió variados libros, desde la política a la espiritualidad, siendo Rusia y su misión histórica el denominador común de todos ellos, llamándome la atención la manera como sus ideas están presentes en los pronunciamientos públicos de Putin.

Criticó al zar Nicolás II y lo responsabilizaba -al igual que Putin- del colapso del Imperio en 1917, y veía en su abdicación un error crucial, y en general, lo de la debilidad en el ejercicio del poder, es un elemento recurrente en Putin. Ilyín fue siempre un monárquico conservador, en la tradición rusa y eslavófila, y creía en valores tales como la familia y la piedad religiosa. Su visión de Rusia estaba indisolublemente ligada a la religión cristiana ortodoxa.

En un artículo sobre La Rusia del Futuro (1949), se manifestaba tanto contrario al “totalitarismo (marxista)” como a lo que llamaba la “democracia formal”, proponiendo una “tercera vía” para la reconstrucción del estado y la sociedad, lo que en Putin se convierte en una cuarta vía. La revolución fue solo un paréntesis en una historia milenaria, idea también presente en otra persona en quien tiene mucha influencia como es Aleksandr Solzhenitsyn, sobre todo en el rol de la religión en la historia y en el futuro de Rusia.

En Putin está también presente otra idea suya, la del daño que le ha hecho al país “la débil, dañada autoestima “de los rusos. Ilyín influye en ambos en ver la influencia occidental como depredadora de su herencia. Incluso alguna vez Ilyín proporcionó una justificación moral para el fascismo, desligándose del todo cuando el nazismo alemán incorporó a los pueblos eslavos, incluyendo serbios y rusos a la categoría de “subhumanos”.

Sin duda alguna, hay un hilo que va desde Ilyín a Putin y este es una doctrina política basada en la tradición conservadora, como ha sido destacado por Timothy Snyder y otros historiadores. Ilyín aparece y reaparece una vez y otra vez en Putin, incluyendo aquel extenso discurso reciente por cadena nacional, donde intentaba explicar el porqué de la invasión a Ucrania. En ese discurso estaban presentes dos constantes de Putin, las ideas de Ilyín y las críticas a Lenin.

También el año 2014, después de la ocupación de Crimea, en su mensaje anual del Estado, Putin lo citó como uno de los más importantes referentes, tanto teórico como espiritual del tiempo histórico que le tocó vivir. Lo citaba para aprobación y aplausos: “El que ama a Rusia debe desear para ella la libertad; ante todo, la libertad para la propia Rusia, la independencia y la autonomía, la libertad para Rusia como unidad de los rusos”.

Ilyín es clave para entender el discurso presente en Putin desde que asumió el poder como presidente el 2000, de buscar recuperar el orgullo ruso, la unidad de la nación, y que vuelva a ser una potencia respetada. No es solo la Rusia que dejó la desaparición de la Unión Soviética, sino la histórica, la que nació en Kiev, y por lo tanto, se siente llamado a representar a todos los ruso hablantes que dejó el quiebre en otras naciones. Así es que se aparece Crimea, Osetia del Sur, Abjasia, Transnistria y quizás, parte de Ucrania y de Bielorrusia.

Digámoslo una vez, lo suyo es la Gran Rusia y no la reaparición de la Unión Soviética, los zares más que los comunistas, el cristianismo en su versión ortodoxa más que el marxismo. Lo suyo es el antiliberalismo, una revolución profundamente tradicionalista, que tiene apoyo no solo entre derechistas europeos sino también -y más difícil de explicar- entre izquierdistas latinoamericanos, aunque nunca ha querido crear un movimiento internacional de apoyo a su persona, ya que se limita a la recreación de la Rusia histórica. Si, es una derecha y una izquierda que tienen en común un rechazo al progresismo universitario, al posmodernismo, a la política de identidades y a lo que perciben como decadente en sus sociedades.

Putin rechaza al feminismo, a los movimientos de las diversidades sexuales, a la Agenda 2030 de la ONU y su crítica al capitalismo, no es desde el socialismo, sino que la versión anglosajona la ve como totalmente incompatible con la tradición rusa. Ilyín lo dota además de un concepto de gobernante autoritario, que debe representar a toda la tradición histórica, y que esa autoridad no debe ser compartida ni doblegada.

Esa visión de la autoridad moral y política debe ser asegurada por un gobernante que rechace la cultura occidental como también la dependencia económica y la colonización cultural. Ilyín aparece como su verdadero filósofo de cabecera, aquel que comparte el entendimiento que el poder es auctóritas y potestas a la vez, es decir, el derecho a ejercerlo y a ser obedecido, y esa misión histórica de reivindicación de la tradición rusa justifica limitaciones a la libertad, y el predominio del Estado sobre el individuo, para así lograr un renacimiento espiritual.

Los valores son conservadores y como dice un antiguo texto, del cual se extrae una cita, usada tanto por Ilyín como por Putin, si Moscú es el corazón de la madre Rusia, fue en Kiev que se produjo el parto.

** Ricardo Israel

Abogado (U. de Chile, U. de Barcelona); Ph.D. en Ciencia Política (Essex University); excandidato presidencial (Chile, 2013)

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